El cultivo de la trufa

La trufa negra de Teruel

 

El cultivo de la trufa en Teruel

En las tierras y montes de la provincia de Teruel se produce y recolecta la mejor trufa negra del mundo: la Trufa negra de Teruel.

Nuestro clima mediterráneo extremo, moderadamente cálido, seco y con inviernos frescos debido a la altitud, favorece el desarrollo de una vegetación idónea. A su vez, las sequías, la pluviometría con lluvias precisas y justas, y los suelos áridos y calizos, sumado a  la experiencia y el buen hacer de nuestras gentes, hacen que Teruel sea la provincia española que más expectativas tiene en producción de trufa de calidad.

La truficultura en Teruel se apoya en tres pilares básicos: un suelo adecuado, una planta correctamente micorrizada y adaptada al medio y, finalmente, unas labores culturales de apoyo. A la hora de proyectar una plantación trufera siempre son importantes los consejos de un experto.

Elección de la parcela

Se elegirán suelos básicamente calizos, con un pH entre 7 y 8, con pocos hongos competidores de la trufa, resultando más favorables los suelos agrícolas que los forestales.

Elección de la planta simbionte

La trufa negra se asocia con árboles que habitan en condiciones edafoclimáticas muy diferentes, por lo que siempre ha de existir alguna especie que se acomode a las condiciones ecológicas del lugar.

La trufa vive en necesaria simbiosis con especies forestales (encinas, robles, etc), de modo que para realizar una plantación se parte de encinas o robles preparados en viveros especializados, que son portadores del hongo en la raíz.

Se aconseja adquirir plantas micorrizadas certificadas procedentes de viveros especializados. Se viene utilizando planta de un año o dos de vivero.

 

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En Teruel las plantas simbiontes más típicas son:

  • Quercus ilex o Carrasca (Encina)
  • Quercus faginea o Rebollo, (Quejigo)
  • Quercus coccifera L. o Coscoja
  • Corylus avellana o Avellano

Medidas culturales y selvícolas

Para la implantación de las truferas, junto a los pasos anteriores, han de realizarse las siguientes labores:

 

1. Preparación del terreno
La preparación del terreno dependerá esencialmente del modo de gestión del suelo escogido  durante los primeros años (fase de preproducción) así como del estado en que se encuentra la superficie del terreno antes de plantar.

Generalmente, es importante hacer una labor profunda para romper la posible suela de labor y favorecer el drenaje y la aireación con subsolador, arado de vertedera o chisel, y después una labor superficial para nivelar y afinar el terreno con gradas o cultivadores. La época ideal son los meses de verano u otoño anteriores a la plantación. Se debe de realizar sobre suelo seco y sin mezclar los horizontes.

 

2. Plantación
La densidad de plantación dependerá esencialmente de la fertilidad del terreno, ligada a su profundidad y al contenido de materia orgánica y de arcillas. La densidad deberá ser menor en suelos fértiles.

La densidad también varía según el modelo de mantenimiento del suelo, así, si se planea realizar laboreos frecuentes será deseable espaciar un poco más los árboles.

 

 

La densidad de plantación oscila entre 200 y 400 árboles/ha., con un marco aconsejable de 6×6, 7×6, o 7×5.

La plantación debe realizarse durante la parada vegetativa, en primavera o en otoño, para evitar las heladas intensas.

 

3. Gestión del suelo:

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Laboreo del Terreno
El laboreo se realiza con objeto de mejorar la estructura del suelo, incrementando su capacidad de retención de agua y favoreciendo el desarrollo del hongo de la trufa.

Con el movimiento de tierra del quemado se pretende que el agua de lluvia penetre en el suelo y que la humedad del mismo se conserve más tiempo. Con ello se consigue favorecer al máximo el crecimiento del árbol y de su sistema radicular. Las labores serán siempre superficiales, profundizando menos conforme nos alejemos del centro del quemado, que coincide con el tronco del árbol huésped. Aunque lo más habitual es darle la misma profundidad.

Riego
Para asegurar un buen rendimiento de la plantación conviene instalar un sistema de riego de los quemados. Normalmente con ello se consigue combatir la escasez de agua de lluvia.

El riego debe ser tal que no provoque encharcamientos.

Es recomendable regar regularmente los primeros años hasta que se establezca el sistema radicular y, en particular, el primer año se deberían regar las plantas en caso de sequía prolongada.

En fase de producción, durante el período entre julio y mediados de agosto, las necesidades de agua son muy bajas, pero en caso de sequía prolongada es recomendable un riego abundante. Actualmente se desaconseja el riego por goteo  en favor del riego por aspersión o microaspersión.

En caso de no poder regar, se puede acolchar, ya que tiene como finalidad evitar las pérdidas de agua del suelo por evaporación en el verano, puede ayudar a mantener durante más tiempo la humedad del terreno y no  parece que sea desfavorable para el mantenimiento del hongo pero es desaconsejable conservarlo de forma prolongada. Los acolchados se pueden realizar con piedra caliza machacada, una vez finalizado el laboreo y con el suelo algo húmedo. También pueden emplearse otro tipo de materiales existentes en el terreno: losas, cáscaras de almendra, etc

Abonado
En función del análisis de suelo previo, se puede compensar las carencias de nutrientes.

Por lo general se desaconsejan los abonados.

El abonado se realizará sólo cuando la producción de la trufera decaiga.

Podas
Los objetivos de la poda son múltiples :Limitar el crecimiento de los árboles y de su sistema radicular en condiciones vigorosas, anticiparse al cierre del medio, corregir anomalías del porte y crear las condiciones favorables al desarrollo de las trufas.
Con la poda se consigue dar una iluminación adecuada al suelo, así como favorecer la emisión de raíces superficiales, en detrimento de las profundas, se facilita la instalación posterior de un sistema de riego, además de favorecerse la recogida.

La poda se recomienda aplicarla todos los años en la fase de reposo vegetativo con el objetivo de que el árbol tenga forma de copa poco elevada, menos de 5 m, en forma de cono invertido y de follaje no muy espeso. Se eliminarán aquellas ramas que crezcan muy verticales y las más bajas que sombreen el terreno.

Las podas serán suaves, con rebajes muy moderados, podando poco las ramas medias, algo menos las altas y suprimiendo las muy bajas.

Protección del terreno. El vallado
Con el fin de proteger la plantación y la inversión que conlleva, es conveniente vallar la plantación a una altura razonable (1-1,5 m.),  evitando de este modo la entrada de animales como el jabalí, del ganado mal controlado, de los recolectores furtivos y los individuos practicantes del vandalismo.